Volando sobre “un mar de plástico”, en el desierto del sur de España | Contaminación

En Andalucía, en el sureste de España, hay otro mar junto al Mediterráneo: «un mar de plástico», apunta el fotógrafo alemán tom hegen. «La imagen de satélite De la región me llamó la atención”, dijo a P3 en una entrevista. “La perspectiva reveló una superficie completamente blanca, como si hubiera nieve en la costa mediterránea española. Cuando miré en detalle, me di cuenta de que lo que estaba viendo era un mar de láminas de plástico utilizadas para construir invernaderos.

El jardín cubierto ocupa, según el diario local Periódico de Almería, un área de 32.827 hectáreas, equivalente a 328 kilómetros cuadrados, 44.000 canchas de fútbol. “Se sabe que esta región es muy soleada y tiene un clima extremadamente seco”, señala Hegen. Así, lo que allí se planta se riega artificialmente. Hay una producción intensiva de tomate, pimiento, berenjena, pepino, melón y sandía -y el 99,5% de este producto es exportado a Europa, especialmente para los países del norte del continente. El principal importador es Alemania, seguido del Reino Unido, Francia y Holanda.

La producción agrícola es 30 veces superior a la media en suelo europeo, nada menos que 3,5 millones de toneladas de frutas y verduras al año. Todo estaría bien sin los costes ambientales y humanos de este tipo de producción. En Almería y regiones vecinas de Andalucía, miles de inmigrantes ilegales de países africanos trabajan en los invernaderos, según el Al Jazeerasin contrato de trabajo, pagados por debajo del salario mínimo y con serios problemas de vivienda, muchos sin acceso a agua potable.

Los costos ambientales también son altos. «La mayoría de estos invernaderos están construidos completamente de plástico, que tiene una vida útil corta», dice Hegen. «Gran parte de este plástico es, cuando se deteriora, triturado y dejado en el paisaje. De ahí, el viento y la erosión se llevan estos residuos al mar. Hablamos de 33.500 toneladas de plástico que se tiran cada año». Región de Andalucía afirma que el 85% de este plástico se recicla y que cinco mil toneladas no son tratadas y que estos terminan, de hecho, cerca de la costa. “Otro problema asociado es la contaminación de suelos y aguas subterráneas por el uso intensivo de fertilizantes y fitofármacos, aplicados con el fin de proteger los cultivos contra bacterias y hongos y potenciar la producción”, explica el ‘alemán.

«Esta serie ilustra el profundo impacto de la presencia humana en el planeta», concluye el fotógrafo, que utiliza principalmente la zumbido para el desarrollo de sus proyectos, algunos publicados previamente en P3. “La necesidad que tenemos de consumir productos que no se producen localmente y en todas las épocas del año ejerce presión sobre la tierra, que creemos que no tiene nada que ver con nosotros”.

Nita Camerino

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