Por 30 días el gobierno Nacional suspendió la exportación de carne

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La medida apunta a forzar la baja en el precio de todos los cortes. Mientras, los empresarios del sector establecieron el cese de la comercialización, que empezará el próximo jueves y se extenderá hasta el 28 de mayo. Y amenazaron con más medidas contra el gobierno. En un año, la carne subió casi un cien por ciento.

La suba de los precios de la carne estuvo muy por encima del promedio de la inflación en el último año y en algunos casos, como el del asado, llegó a duplicarlo. Así lo señalan los relevamientos oficiales plasmados en los documentos del Indec.

Entre abril de 2020 y el mes pasado, el índice de precios al consumidor subió 46,3%, según ese organismo estadístico. En ese cálculo, el rubro de alimentos es el que más incidencia tiene, porque es aquel al que la población destina una mayor parte de sus ingresos.

Pero en el caso de la carne, en particular, los precios de venta al público subieron muy por encima de ese ritmo. El asado, por ejemplo, duplicó el índice general y aumentó un 95,8%: pasó de $ 324,18 a $ 634,88 por kilo, de acuerdo al promedio registrado en el área metropolitana de Buenos Aires.

También fue muy fuerte el incremento en la nalga, de 76,2% (aumentó de $ 429,47 a $ 756,65 en un año) y del cuadril, de 74,9% (promediaba $ 717,50 el mes pasado). Uno de los cortes de menor calidad que reemplaza a este último, la paleta, también subió 73,8% (a $ 589,92, según los cómputos del Indec). En la carne picada, el salto fue un poco menos abrupto, de 63,9% (su último precio fue de $ 372,64 por kilo), pero aún así 17 puntos por encima de la media general.

Semejante ritmo de ajuste no se produce en otros sustitutos de la carne vacuna. El filet de merluza, por ejemplo, subió 52,5%; el pollo entero, 50,7%; y las hamburguesas congeladas 38,9%.

La disparidad también fue advertida por el IPCVA (Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina), organismo en el que confluyen productores, exportadores y representantes del Estado. En una muestra más restringida (120 puntos de venta, entre carnicerías y supermercados del área metropolitana), concluyó que la carne vacuna subió 65,3% interanual, bastante más que la de cerdo subió (58,7%) y la de pollo (44,2%). Estos factores contribuyeron a que el consumo doméstico bajara al punto más bajo de la serie histórica de la entidad: 43,7 kilos anuales por habitante, seis kilos menos que el ya famélico 2020 y casi 20 kilos menos que ocho años atrás.

Estos fueron algunos de los números que el gobierno tuvo en cuenta al decidir el cierre de las exportaciones de carne vacuna por 30 días: entre los objetivos de la medida se cita explícitamente el de “restringir prácticas especulativas”, además de evitar la evasión fiscal y mejorar la trazabilidad de las ventas al exterior.

Los productores reaccionaron con un paro de comercialización de carne por ocho días. “Desde hace algunos días, mañosamente, se pretende endilgar al sector productor el ritmo inflacionario que sufre el país y que arrastra décadas, sin soluciones definitivas. Sobre esta falacia se toman medidas destinadas a entorpecer la comercialización y exportación de la producción primaria”, había anticipado Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) en un comunicado.

A fines del año pasado, la Secretaría de Comercio Interior había pactado con varios protagonistas de la cadena de comercialización carne (exportadores, frigoríficos y supermercadistas) un programa para ofrecer una decena de cortes populares a valores hasta un 30% más económicos que los de mercado. El acuerdo regía hasta fin de marzo y ya fue prorrogado en dos ocasiones. El talón de Aquiles del plan es el alcance de las ofertas, que se reducen a ocho mil toneladas mensuales y se consiguen únicamente en las grandes cadenas de supermercados, el Mercado Central y una serie de ferias itinerantes ad hoc.

Como para engrosar la confusión, el IPCVA también advirtió la dispersión de precios según los puntos de venta. Mientras la nalga, la carne picada y el asado se consiguen a valores más bajos en los supermercados (hasta 45 pesos por kilo), lo contrario ocurre con el lomo, el peceto y la colita de cuadril: por esta última se paga 141 pesos más caro en los súper que en las carnicerías barriales.

 

 

Fuente: Tiempo Argentino