Falleció la vicepresidenta de Madres de Plaza de Mayo

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La vicepresidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Mercedes Colás de Meroño, Porota, murió hoy a los 95 años en su casa particular en el barrio porteño de Villa Devoto.  Alicia, su única hija, había sido secuestrada por la dictadura el 5 de enero de 1978 y aún permanece desaparecida.

La presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, así comunicó la partida de Porota:

“Hoy al mediodía nos dejó Porota, Mercedes de Meroño.

Hacía ya varios meses que estaba muy enferma.

Después de la fractura de su cadera no se recompuso más.

Se fue despacito.

Todos los días se moría un poco.

Otra compañera que se va y nos deja un vacío enorme.

Pero la vida sigue.Así somos las Madres: estamos lo más enteras que podemos, cada vez que se va alguna se nos va un pedazo de nosotras mismas.

Pero sabemos el compromiso que tenemos con nuestros hijos

Ella era una de las Madres que había pasado dos veces por la tortura y el horror.

Porque ella estuvo en la Guerra Civil española, donde fue fusilado su padre por ser antifranquista y revolucionario.

Allí, además, a ella le cortaron el pelo al cero, la pelaron, para que todo el pueblo sepa que su padre había sido fusilado.

Siempre contaba eso Porota.

Y siempre hablaba de su Lodosa, en España, donde había nacido.

Y luego viene acá y cuando estaba bien, y feliz, casada, con su hija y sus nietos, le secuestran a su hija.

Y España se le vino de vuelta a la cabeza.

Y ahí estuvo ella, con los dos horrores y terrores, que nunca le dejaron.

Siempre que hablaba los recordaba.

Se fue tranquilita, lentamente.

Sin darse cuenta, de a poquito.

Se apagó despacito.

Otra compañera que se va y nos deja un vacío enorme.

Pero la vida sigue.

Así somos las Madres: estamos lo más enteras que podemos, cada vez que se va alguna se nos va un pedazo de nosotras mismas.

Pero sabemos el compromiso que tenemos con nuestros hijos y que debemos seguir.

Porota se fue despacito.

Lentamente. Sin darse cuenta.

Estaba en la cama, y de repente… se cortó.

Seguramente estará ahora diciendo «ay, Lodosa, Lodosa mía», como siempre nos decía”.