El mundo a sus pies

3

Es de los que nunca mueren. Quienes viven en los corazones, siempre están presentes. Pasarán años, décadas y ahí estará. En mesas de café y rondas de mates. En reuniones familiares y discusiones entre amigos. En millones de palabras virtuales y en letras de tinta. Estará en miles y miles de pibes que sueñan con ese partido, con ese gol, con esa gambeta que él y no otro hizo. Porque fue único.

¿El mejor gol? Obvio, al que le hizo a los ingleses. Pero no el que corrió cincuenta metros y paso a medio equipo contrario. No. Ese no. El que hizo con la mano. Ese es el mejor gol.

Ese fue desfachatado, burlón, irreverente. También tramposo. Pero que pequeñez de trampa en esa jugada, comparada con la enorme y sangrienta maniobra que los ingleses hicieron en el ’82 en el Atlántico Sur. Pero ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Las dos situaciones anidan en los corazones argentinos. La segunda como reclamo legítimo y la primera como un gustito a venganza.

Peter Shilton, quien obró de arquero de la selección inglesa en aquel mundial de México ’86, dijo seguir enojado con Maradona por que “no le pidió perdón” por ese gol.

Tampoco le perdonan personas nacidas en Argentina, deseosas de haber nacido en Londres, muchas actitudes y definiciones a Diego. Las recurrentes visitas a Cuba y a Fidel Castro. El irrestricto apoyo a Hugo Chávez y a su sucesor Nicolás Maduro. O el cariño que le dispensaba a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. Ni qué hablar de su admiración por Néstor y Cristina. Nada de eso le perdonan los mismo que odian a los pobres de la patria, sean de Villa Fiorito o de cualquier rancherío de los miles que hay diseminados en cada provincia argentina.

Shilton seguirá enojado eternamente y en otra dimensión de la vida, perseverará solicitando el pedido de perdón. Mientras tanto, “el dios más humano de todos”, como decía Eduardo Galeano, seguirá con el mundo a sus pies.