La Democracia no debe ser Sólo un Procedimiento Electoral

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La Diputada Nacional fueguina, Mariel Calchaquí, reflexionando a cerca de los 25 años en democracia, expresa que ísta -la democracia- “como mítodo electoral, de reglas de control y de recambios de gobiernos, no es suficiente para países que tienen tanta deuda social como el nuestro- El simple proceso electoral ya no satisface, la alternancia en el poder no es suficiente, son otras las claves para definir la democracia y su comprensión en nuestras sociedades”

La diputada del Frente para la Victoria, al preguntarse sobre ¿Cual es el valor real de la democracia?, afirma que, en primer tírmino, es la “libertad”- Pero se torna insuficiente cuando esa libertad no satisface el alcance de las metas individuales y sociales- Entonces, “la felicidad del pueblo es la segunda condición necesaria para dar más valor agregado a la democracia” – – – – – – – – -.

En su reflexión sobre los 25 años de democracia argentina, la Diputada nacional del Frente para la Victoria, Mariel Calchaquí, comienza realizando tres preguntas claves para desentrañar no sólo el espíritu, formal, de la democracia actual, sino además, la tarea a realizar para convertirla en una democracia real.
Las preguntas y definiciones de la Diputada:

“¿Como definir la democracia? ¿Cual es el valor real de la democracia? ¿Que esperar de ella y que hacer por ella?

Como definir la democracia?

Cuando hablamos de democracia, cada uno de nosotros afirma sin dudas un concepto, una idea diferente sobre el tema, más cerca o más lejos del ideario que nos reúna, seguramente el principio común y rector que surge será el de libertad.

Una libertad convenida, pautada, que nos permite vivir a cada uno en su órbita privada sin disociarse del resto; es decir, una libertad que nos permite asociarnos, reunirnos y por consiguiente concretar a la vez una libertad común.

La reunión de libertades individuales, en asociación al conjunto, hace a la vida posible porque todos acuerdan el respeto a esa libertad individual.

La democracia se asocia fundamentalmente a la libertad más que a la justicia, o a la equidad. La democracia es una convención que determina el espacio de lo individual y de lo público.

Algunos teóricos, como Robert Dahl o contemporáneos nacionales, Josí Nun por ejemplo, han discurrido conceptualmente sobre el tírmino y seguro que hay muchos otros, pero ístos, y considerando nuestro pago y no solo al teórico extranjero, nos dan la descripción desde la antigua Grecia filo-política hasta la actual concepción de la de democracia, como así tambiín su percepción.

La especificación de una demokratia, donde el ciudadano considerado como tal, participa de ese poder, y entiende a la democracia como forma de vida y como propia construcción de la polis.
En contra tapa, otra visión será la occidental moderna (sobre todo latino americana o de países emergentes), donde el relato se ocupa del ciudadano que se reconstruye así mismo luego de gobiernos autoritarios y donde la democracia comienza a tomar una nueva definición según las demandas sociales de cada lugar, que avanza en el espacio de las libertades.

De alguna manera, el tírmino dejará de ser democracia, para pasar a ser una poliarquía (Dahl), mientras más libertad y más participación exista, más cerca se estará del ideal griego; y así, esa sociedad según lo que mida el vector en ambos modelos comparados, será más o menos autoritaria, más o menos democrática o, mejor dicho, una poliarquía.

Josí Nun, por otro lado, plantea, inspirado en la misma tradición occidental, la relación entre nuestros gobiernos y la sociedad, como lo dice el titulo de su libro: “¿gobierno del Pueblo o gobierno de los políticos?”. Sin palabras, lo dejo para su lectura.

Ciertamente. Estamos, desde hace tiempo, ante nuevas percepciones y necesidades. La democracia como mítodo electoral, de reglas de control y de recambios de gobiernos, no es suficiente para países que tienen tanta deuda social como el nuestro. El simple proceso electoral ya no satisface, la alternancia en el poder no es suficiente, son otras las claves para definir la democracia y su comprensión en nuestras sociedades latinas.

Ocho años de dictadura militar y tantos más de neoliberalismo económico, nos dan el triste testimonio de una deuda moral que se repara de a poco, si es que existe el resarcimiento moral, como lo es la condena a los hechos aberrantes cometidos por la junta militar en materia de derechos humanos y el aniquilamiento de la libertad.

Pero desde estos últimos dos datos históricos, militarismo y neoliberalismo, la libertad de participación y de elección de representantes ya no son suficientes cuando el imaginario político atado a las contingencias de la vida, pide y reclama que la democracia se nutra de otros valores que no es solo el de libertad.

¿Cual es el valor real de la democracia?

La libertad, insisto. Pero se torna insuficiente cuando esa libertad no satisface el alcance de las metas individuales y sociales.

La libertad debe dar satisfacción, debe proveer la felicidad del individuo y al pueblo donde el individuo se realiza. La felicidad del pueblo es la segunda condición necesaria para dar más valor agregado a la democracia.

Decía el primer presidente democrático de los 80, Raúl Alfonsín: con la democracia se come, se educa y se cura.

Si a la libertad cívica recuperada le sumáramos estos conceptos como valores y no como derechos del pueblo, estaríamos diciendo que la democracia necesita ser interpretada como la herramienta de realización de esas necesidades.
Ahora un pueblo con necesidades no es un pueblo feliz, menos cuando sus derechos se convierten en necesidades y demandas. Cuando esas demandas no se resuelven, el resultado es que el valor profundo de la democracia, la liberta, se pierde ante la necesidad.

Cuando la necesidad se satisface como cuestión natural y temporal y no como un derecho que hace a la vida misma, se corre el riesgo de estar ante un nuevo autoritarismo democrático.

Y donde la democracia termina en un juego de reglas destinadas solamente a la contención de las demandas, la libertad se hace esclava de la necesidad. Y esa condición se hace transitiva al pueblo, así la democracia comienza a desagregarse en una serie de conceptos a expensas de que la libertad ya no es suficiente ante sociedades con grandes necesidades, la perdida de los derechos: al trabajo, a la salud, a la alimentación, a una vejez digna a una niñez protegida, al abrigo del hogar, de lo que depende en fin la condición humana, hace que el concepto de democracia se vuelva mas abarcativo, y por ende la postura ante la Democracia, se vuelva mas demandante.

Si la vida digna no es alcanzable, si la salud, el trabajo, la educación se torna cada vez más lejana para el pueblo, la democracia perderá valor ante íl, con el riesgo de que el pueblo se vuelva esclavo ante cualquier tipo de autoritarismo, capaz de privar de ciertas libertades bajo la condición de satisfacer ,aunque temporal, alguna necesidad.
El poder autoritario recorta la libertad, torna natural a la necesidad y le expropia el derecho, que subyace en ella.
Por lo tanto siempre el valor real de la democracia, es la libertad que garantiza el derecho y la posibilidad de la vida digna para la condición humana.

¿Que esperar de ella?

A 25 años de democracia, en particular, espero todo lo dicho por todos nuestros presidentes y actual presidenta.

Que los argentinos coman, se eduquen y tengan salud (Alfonsín) y mejor calidad de vida. Que los dirigentes no nos defrauden, que podamos seguirlos (como nos pedía Menem) que no nos abandonen ante la crisis (como lo hizo De la Rua) que construyamos una argentina en serio (Kirchner) para todos y todas con mayor inclusión social (Cristina Fernández de K) sin perder el camino de la libertad y la búsqueda de la felicidad.-

¿Que hacer por ella?

La respuesta es simple. La tarea es ardua. Seguramente habrá quienes piensen que la democracia como sistema esta totalmente garantizado, asimilada y entronizada en la conciencia colectiva como algo irrenunciable y que no hay mas que profundizar sobre el tema, y que solo falta ajustar algunas variables económicas para que todo funcione mejor. Y es posible que así sea. Pero la democracia tiene diversas formas de manifestarse según la historia de los pueblos y sus gobiernos. Por eso solo apunto a decir que debemos trabajar fuertemente en darle su verdadero valor a la democracia, para que esta no sea solamente un mítodo o procedimiento electoral, con lo cual los gobiernos se turnen, aunque no todos sus funcionarios, mientras el pueblo espera, en la plaza, que se le escuche.

La participación en la vida política del país y la integración de la juventud en la búsqueda de alternativas es fundamental. La construcción de espacios de discusión, desde el cafí a la plaza y al partido político, es la fuente de la libertad y de la rebelión republicana, en ello está la comunión de ideas y el control de lo público. Porque todos somos buenos, pero controlados somos mejores. Debemos exigir mítodos de trasparencia a las diferentes gestiones que gobiernan en nuestro nombre.
A 25 años de democracia ininterrumpida y a casi 2 años del bicentenario de la independencia y organización de nuestro país, los argentinos nos encontramos ante una difícil situación de cambios mundiales con registros económicos que no alientan grandes cambios, menos a favor de los más necesitados, por eso nuestro desafío en democracia, es construir una estable integración social con pluralidad de ideas y sectores, con solidaridad y justicia. Y con la convicción de que la democracia es nuestro derecho irrenunciable, y la hacemos día a día entre todos, por el bien común y en defensa de la libertad”.

Fuente: (consignastdf.com.ar)