“Todo lo que no está Expresa y Taxativamente Legislado a Favor de los Débiles, está Implícitamente Otorgado en Favor de los Poderosos”

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Síntesis de la charla desarrollada por el Profesor Nístor Muñiz, en el marco de la Cátedra Abierta del Pensamiento Nacional “ Raúl Scalabrini Ortiz” de la UTN -Regional Río Grande- el día 29 de octubre pasado, sobre la idea de: “Desarrollo con Justicia Social, condición de posibilidad del Sistema Democrático, Alternativas del proceso histórico argentino ”– La jornada de reflexión y debate formó parte del ciclo denominado “ Los Modelos Económicos y la distribución de la riqueza en Argentina”

“ El dominio absoluto del colonizador se produce cuando el discurso del opresor pasa a ser la argumentación del oprimido que inconcientemente lo adopta como de su propia elaboración”- Estas palabras, escritas por Jean Paul Sartre en su prólogo a “ Los condenados de la tierra” de Franz Fanon, me parece pertinente a la hora de reflexionar sobre la realidad que los medios de comunicación masivos nos dibujan como únicos otorgadores de sentido sobre múltiples aspectos de la vida social- Frente a este fenómeno , este espacio se plantea como instrumento de resignificación, a la luz del análisis comprometido con los intereses, las expectativas y las necesidades del Campo Nacional Y Popular, comenzó diciendo en su exposición Nístor Muñiz – – – – – – – .

“ El dominio absoluto del colonizador se produce cuando el discurso del opresor pasa a ser la argumentación del oprimido que inconcientemente lo adopta como de su propia elaboración”- Estas palabras, escritas por Jean Paul Sartre en su prólogo a “ Los condenados de la tierra” de Franz Fanon, me parece pertinente a la hora de reflexionar sobre la realidad que los medios de comunicación masivos nos dibujan como únicos otorgadores de sentido sobre múltiples aspectos de la vida social- Frente a este fenómeno , este espacio se plantea como instrumento de resignificación, a la luz del análisis comprometido con los intereses, las expectativas y las necesidades del Campo Nacional Y Popular.
A veinticinco años de recuperada la democracia ,la persistencia de aspectos deficitarios que empobrecen y reducen su significado original nos insta a plantear el problema Argentino y Suramericano alrededor de una tríada de conceptos unidos por un hilo conductor que, a modo de complejo dinámico, exige su simultánea coexistencia y correspondencia, a riesgo de perder su capacidad transformadora y liberadora.
Estos son, Democracia, Desarrollo y Justicia Social vistos desde nuestra realidad histórica como conector, nuestra realidad histórica estructural y dinámica ,como forma más acabada de lo que Es, de lo real y no desde una concepción de lo socio-político abstracta, como reproducción mecánica de esquemas propios de la deformación ideológica colonial disfrazada de apariencia científica.
La actual coyuntura nacional, es decir la necesidad de ampliar la resolución positiva de la transición democrática parcialmente lograda en lo político, a sus aspectos económico- sociales y el marco de oportunidades que nos ofrece la crisis internacional del sistema financiero nos exige, reinterpretando a Sartre, recuperar la centralidad en la definición de nuestro destino. “El colonizado que quiere liberarse tiene que matar al colonizador que lleva dentro. Al dar vuelta lo que pensó hasta ayer, mata a dos pájaros de un tiro, nace un hombre libre, el que abrió los ojos, y queda simbólicamente un hombre muerto, el que hasta ayer repetía el discurso del opresor ”es decir el de los medios de difusión masivos.
La verdadera Democracia, entonces, para nosotros y en su sentido etimológico e inclusive estableciendo un orden de preeminencia del Demos sobre el Kratos sería el resultado del imperio de la Justicia Social que, a su vez, no puede existir sin crecimiento como Desarrollo Humano.
Nuestra experiencia histórica nos dice que cuando estos dos últimos componentes se han combinado, los sectores del privilegio han vociferado, acompañados del coro por diestra y siniestra, las “violaciones a las libertades democráticas”. Nos proponemos entonces tratar de lograr un ajuste conceptual sobre los tírminos de la tríada. El orden obedece a una exigencia práctica y no implica valoración en cuanto a la importancia, pues son indivisibles en su interrelación y respectividad.
El Desarrollo en su dimensión social se diferencia del crecimiento económico; íste puede referir al aumento de productividad y actividad económica, pero solo se transforma en Desarrollo Humano a travís de la forma de distribución de los frutos de ese crecimiento, traducido en la elevación de los niveles sociales correspondiente.
Esto solo es posible alterando las condiciones estructurales, es decir dejando de cumplir en la nueva división internacional del trabajo la función de operar como fuente de recursos para el desarrollo ajeno.
En las distintas etapas de nuestro desarrollo histórico podemos ver cómo, desde la ípoca colonial, se sentaron las bases de nuestra dependencia, en el período independentista se operó un proceso de balcanización funcional al imperialismo industrial que dividió políticamente a la región, y en los últimos tiempos, la ola neoliberal agudizó dichas contradicciones, el imperativo de la hora es volver a unir con miras a un desarrollo convergente como puente entre las capacidades productivas de los distintos países de Suramírica. Este desarrollo planteado como posibilidad de mayor humanización debe excluir, al desarrollo de las partes a despecho del todo, a la privatización de las ganancias y la socialización de las pírdidas; y propender, y acá nos conectamos con otro concepto, al desarrollo signado por el principio de Justicia Social como UNICO legitimante del estado de derecho, y como una justicia que desarrolla humanidad.
Así como existe una justicia legal que crea condiciones y ordena; Una justicia conmutativa que regula las relaciones interpersonales bajo el imperio de la ley que presume y prescribe la igualdad de los miembros del cuerpo social; Una justicia distributiva que relaciona a sociedad y estado respecto a la distribución de derechos y obligaciones en el reparto y aporte a y del producto social, tiene que existir una Justicia Social que nivele las diferencias provenientes de la diversa ubicación en la estructura socio-económica y morigere las inequidades eliminando las diferencias inicuas. En resumen, una justicia entre desiguales.
Esta forma plenaria de justicia que debe regular todas las formas de convivencia para garantizar el bien común, objetivo primordial del Estado, haciendo converger los principios de Dignidad de la persona no como individuo sino como ser socialmente identificado; de Solidaridad como vínculo que une los destinos de todos los integrantes de la comunidad, y de Subsidiaridad como forma de aporte del estado al que no puede solo, canalizada a travís de un ordenamiento jurídico positivo como forma procedimental, solo es posible si esta justicia es “ El fiel que balancea el uso personal de la propiedad con la exigencia del bien común” en palabras del Dr. Arturo Sampay, avanzando contra todo abuso de derecho individual que perjudique el bien común por su falta de solidaridad social.
Es aquí donde desembocamos en la obligación de reformular el significado de facto a que nos remite la palabra democracia como forma de vida basada en el consenso y la convivencia, y restituirle su fuerza prístina como gobierno del pueblo. Si nuestras sociedades modernas con su base de igualdad de derechos políticos eliminan toda otra prerrogativa de sangre, censitaria o de participación calificada, debemos concluir que por pueblo, por Demos , aludimos a las mayorías populares y que un gobierno democrático es aquel que provee a las aspiraciones, expectativas y demandas de las mismas, promoviendo el desarrollo administrado con base al principio de justicia social.
Para que ello sea posible es inevitable “ derogar la libertad de explotación, la libertad de los poderosos que siempre traban la libertad de los díbiles” volviendo a conceptos de Sampay o como expresara magistralmente nuestro mentor, R.Scalabrini Ortiz, para impedir que “todo lo que no está expresa y taxativamente legislado a favor de los díbiles está implícitamente otorgado en favor de los poderosos”; Como vemos para la verdadera democracia tambiín el disenso es una herramienta legítima porque no vamos a pensar que los detentadores del privilegio estín de acuerdo en renunciar graciosamente a ellos.
Esto nos lleva a considerar el último elemento de nuestra tríada, no en su nominalidad convencional sino en su interno ordenamiento jerárquico entre valores y procedimientos.
Cuando en el preámbulo de nuestra Constitución Nacional se manifiesta el propósito de “proveer al bienestar general”, casi sinónimo de justicia social, los constituyentes lo están fijando como valor fundamental en el pacto social, sin embargo la realidad nos indica que en sus aspectos procedimentales la democracia opone obstáculos a la verdadera realización de ese valor, ojo! Quí ningún zonzo piense que estamos hablando contra lo democracia¡¡ Lo que decimos es que, es esta democracia de baja intensidad o de los procedimientos que se expresa a travís del lenguaje políticamente correcto, reproducido hasta el hartazgo por los medios de desinformación, es ese “discurso del dominador” que introyectamos y creemos propio y del que debemos desprendernos para aprehender la realidad.
Como decíamos al principio, esa realidad se encuentra en su más alto grado de realización, si me permiten, en la historia, como lugar concreto de lo que es y punto de partida de toda reflexión. Esta realidad histórica se debe constituir en objeto del filosofar, no como actividad acadímica sino como predisposición del espíritu hacia la comprensión de la verdad histórica, colocados como sujetos de la misma. Es esta realidad histórica el último estadio en que se hacen presentes todos los demás que han ido configurando incrementos cualitativos de realidad, grados más altos de realidad. En este necesario filosofar se evidencia la profunda injusticia del proceso y se abren las puertas a la práctica liberadora. Es decir, la injusticia social emerge como un dato incontestable de la realidad y nos insta hacia la demanda de justicia como práctica.
En esta práctica comprendemos que el carácter histórico del subdesarrollo, que no es un estado anterior o atrasado del capitalismo sino una consecuencia de íl y una forma particular de su desarrollo, es el marco de un proceso profundamente injusto.
El análisis puntual de cada etapa de nuestro desarrollo histórico como nación y como región, escapa a las posibilidades de este ámbito, que proponemos como un lugar de debate y disenso, disparador de preguntas y dudas, el propósito está explicitado.
En un ejercicio de reflexión repensemos las distintas etapas de nuestra historia teniendo en cuenta la tríada conceptual y busquemos allí cuales fueron aquellas en que nuestra inconclusa revolución nacional tomó el carácter de popular y democrática. Es posible que nos encontremos con más de una sorpresa.
Queda abierto el debate.

Fuente: (consignastdf.com.ar)