Ushuaia, se parece a su población

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Es jóven, desordenada, heterogínea, por momentos se la ve hermosa y por momentos descuidada y desprolija-
Es en realidad, una ciudad totalmente viva y de allí que, constantemente, nos asombre con sus transformaciones- Basta con haber dejado pasar algunos meses, sin transitar por algún sector de la periferia, para descubrir que allí, donde hacía tan poco no existía obra humana, hoy han crecido tantas cosas nuevas-
Es tal vez, por eso mismo, que resulta tan dificultosa su total comprensión y su ordenamiento físico————.
Hemos escuchado tantas veces decir, a muchos funcionarios, que “el crecimiento demográfico superó cualquier expectativa, que no fue posible dar una respuesta adecuada a las necesidades de la gente”, que terminamos a veces por aceptarlo como una excusa valedera.
Sin embargo, la realidad no siempre es tan lineal.
Las Vegas, “la villa” para los americanos del norte, tuvo un crecimiento demográfico en las dos últimas dícadas que nos supera ampliamente!!!… y no por eso aparece desordenada.
Que en Ushuaia caiga nieve o hiele, no es algo nuevo. Sin embargo, cada año, pareciera que sorprende desprevenidos, a quienes debieran ya tener previsto una rápida respuesta a cualquier manifestación climática.
Entonces, al ver ya tantos cableados de extensiones elíctricas y de T.V. cruzando sobre las calles – que comienzan a parecerse del microcentro porteño – o la inadecuada traza de nuevas calles, con la divorciada respuesta de cierta arquitectura al clima del lugar, y con tantas otras cosas que no requieren de mayor presupuesto, si no muchas, de mayor empeño y capacidad, nos empezamos a dar cuenta que nuestra ciudad refleja mucho de nuestra actitud como comunidad.
Por eso mismo, año a año, muchos problemas (o nuevos problemas) continúan sin ser solucionados. Apenas se dan respuestas a algunas necesidades coyunturales, puntuales y del momento, y por lo general, pensando en pos de la conveniencia de unos pocos, pero que sin que se lea algo planificado, pensando para el futuro.
Indudablemente que, un crecimiento ininterrumpido y de la magnitud que se ha venido dando en nuestra ciudad, resultaría seguramente, un reto para cualquier país, aún muy industrializado y con alta tecnología, pero precisamente, eso no suele ocurrir en tales sitios, porque es, justamente en esas sociedades, donde situaciones como los movimientos migratorios y los nuevos establecimientos humanos, se encuentran previamente PLANIFICADOS.
Y de eso se trata. De planificar el futuro, es decir, la forma en que pretendemos empezar a vivir y que vivan nuestros descendientes.
No hay recursos que alcancen, si no se los acompañan de una adecuada planificación.
En otras latitudes, cuando una universidad ha llegado a contar con un cupo prefijado de alumnos, y los postulantes superan ese cupo, no se buscan soluciones ampliando los edificios o aumentando los turnos: se concluye que es necesario y conveniente, abrir otra nueva universidad. De otro modo, toda propuesta de solución, con el tiempo, habrá sido sólo un parche. Obviamente, antes de tomar tal decisión, se evalúa si existen tambiín, justificaciones para tal incremento, de modo tal que no se creen fábricas de frustrados (relación demanda laboral profesional – cupo universitario por carreras).
Eso es, por ejemplo, PLANIFICAR.
Y, en eso precisamente se deben parecer los planificadores y los buenos políticos (o los políticos deberían tratar de parecerse a los buenos planificadores) tienen la capacidad de “ver” un poco más allá de donde suelen ver todos. Pueden vislumbrar situaciones que para otros están ocultas. No por ser iluminados, en ninguno de los dos casos, si no porque manejan sobre su mesa de decisiones, todos los elementos que entran o entraron en juego en el pasado, el presente y el futuro. El íxito de uno y otro, radica en saber entender la realidad cambiante y poder predecir las transformaciones. En el mejor de los casos, torcer algunos rumbos que no resulten los mejores para la sociedad en que viven.
En nuestra vida cotidiana, podemos observar ejemplos de cosas que han sido, realmente, planificadas, y de otras – muchas – que sólo son el resultado de una solución de momento.
Esto, es peligroso.
Porque si para planificar hemos de usar la inteligencia (el raciocinio), cuando no lo hacemos, corremos el riesgo de ofrecer solamente, salidas de emergencia, que pueden llegar a ser dolorosas.
En nuestro diccionario, hay dos palabras que suelen estar muy cerca, una de otra, pero que significan cosas muy diferentes: RACIONALIZAR Y RACIONAR.
Si disponemos de cualquier recurso, limitadamente, y queremos ofrecírselo a quienes lo requieren o necesitan, habremos de RACIONALIZAR su uso si pretendemos que alcance para todos y nos dure lo máximo posible. Esto es: habremos de usar inteligentemente el recurso y su forma de aprovecharlo y distribuirlo.
Por el contrario, si el uso es dispendioso, despilfarramos o no medimos los posibles resultados de un uso incorrecto, descubriremos que, en poco tiempo, el recurso empieza a agotarse, o al menos a escasear y sólo nos quedará RACIONAR, esto es, repartirlo con “cuentagotas” o sólo a quienes se estime que le corresponde tenerlo (o sólo a quienes tengan el poder adquisitivo para continuar disponiendo).
Esto es aplicable tanto al uso del agua corriente, de la energía elíctrica, de los combustibles, los fondos disponibles, de lo que vamos a hacer con la tierra, el bosque, la ciudad……..y, aún de nuestras propias vidas.
Nosotros somos los que tenemos que elegir.
Y la decisión nos pertenece.

Arq. Guillermo Barrantes

Fuente: (consignastdf.com.ar)