Carta abierta a Jimmy Button

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Yámanas se autodenominaban tus hermanos, los aborígenes originarios de las costas del Canal Beagle Su influencia llegaba hasta el Cabo de Hornos Hacia el oeste, sus vecinos eran los Alacalufes y hacia el oriente, los llamados Haush .

Gente sencilla, tu gente, mimetizada con la naturaleza Domadores incansables de frías aguas Recolectores de mariscos y pescadores diarios y pacientes, a la espera de los momentos de abundancia, iacasi, para tu pueblo .
Ese pueblo, que distribuía tareas por igual, entre varones y mujeres, no tenía jefes ni parlamentarios, ni ricos ni pobres, sólo la vida, enteramente suya Libre Con la cara y el torso al viento, a la nieve Vivías con tu gente, en ese paraíso austral, que en verdad, era el centro del universo
Un tronco de árbol calado, era la propiedad más valiosa, tu principal herramienta de supervivencia, una extensión de tu cuerpo, canoero.
Al no poseer nada, lo tenías todo Si alguna vez, el famoso naturalista creyó ver en vos y los tuyos, al eslabón perdido de la humanidad, se equivocó Eras y eran, la humanidad misma, el hombre en su más puro estado Feliz por su felicidad Y si ello es exagerado, era, entonces, la vida de tu pueblo, enteramente suya, vivida en plenitud
Tus días transcurrían entre canoas, marisqueando o cazando; riñendo por algún entredicho con hermanos tuyos Hasta que llegaron ellos, los caballeros de la corona, que cabalgando sobre naves inmensas te llevaron, atravesando aguas interminables, hacia el país del librecambio No fuiste solo, se llevaron a tres hermanos más Uno murió, dicen, de viruela ¿Cómo se dice en tu idioma yamaníhasha? No debe tener traducción, puís la viruela es un enfermedad que no padecía tu pueblo
¿Quí habrás pensado, cuándo su Majestad, la Reina de Inglaterra, te preguntaba si, efectivamente, vos y tu gente comían carne humana?
Te reías Seguro te reías, por eso contestabas que sí ———-.
Cuando volviste, educado, evangelizado y hablador de inglís, dejaste de ser salvaje y de vestir como salvaje (o mejor dicho de no vestir),. Debiste enseñarle a tu pueblo lo aprendido. Eso se esperaba de vos. Debían entender el inglís, para poder obedecer en inglís y trabajar para el inglís; puís, era íl quien traía las buenas nuevas, anunciadas en su plan evangelizador, la civilización y el progreso.
Pero no cumpliste con las expectativas. No sólo eso. Según parece, te rebelaste y dicen, que a causa de ello, los reverendos, abandonaron su misión en esta parte del mundo. No sin antes desatar sobre tu gente, maldiciones con forma de erupciones de sarampión.
Por ello, tu gente ya no está. No hay tumba para visitarte, ni fecha para recordarte. Sólo algunos empeñados en no olvidar que hubo, una vez, un pueblo denominado Yámanas.
Sólo resta decirte, que buscaremos sin descanso, entre los bosques de lengas, a algún hanush, para que nos devele el camino a seguir, antes de que sea tarde para mi pueblo.

Fuente: (consignastdf.com.ar)