miércoles, 13 de julio de 2011 |Hora: : :

Editorial

A pesar de tanto terror, la muerte no ha podido acabar con la vida
El triunfo de la vida

Fecha Publicación: 13/07/2011  13:54  
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Cuando recordamos los años de la noche más negra de la historia de nuestro país como nación, un frío helado corre por nuestras espaldas- Cuando vienen a nuestra memoria algunos personajes del llamado a sí mismo proceso de reorganización nacional, nos invade una sensación de asco, de bronca- Y también de impotencia; por los que ya no están y debieran ser los protagonistas centrales de la historia presente- Cuando vuelven a nuestra mente, las palabras de quienes se creían semidioses, imágenes del terror recorren nuestras retinas- A la distancia, difícil es entender tanta muerte, tanto dolor- Convivíamos entonces, con la implementación de un plan sistemático de destrucción de vidas- Eso es genocidio- El sociólogo e investigador Roberto Baschetti, afirma en sus “Documentos- - -” que hubo la misma cantidad de muertos durante la dictadura cívico militar iniciada en mil novecientos setenta y seis, que durante los bombardeos realizados por la Luftwaffe alemana a Londres, durante la segunda guerra mundial- Comprender el por qué, de la aplicación del terrorismo de estado en nuestro país, no alcanza para mitigar el dolor de tanta ausencia- Pero ayuda para saber quién es quién en esta maltratada argentina nuestra-----------
Terminar con las “bandas del terrorismo internacional que pretenden cambiar nuestro estilo de vida occidental y cristiano”, no era el motivo central. El verdadero objetivo perseguido por los instigadores del golpe, era el de “adecuar” el país, a las nuevas necesidades de las siempre voraces multinacionales y sus organismos financieros. No sólo Argentina fue presa de esa política criminal. Todos los países del cono sur latinoamericano, sufrieron golpes de estados: Chile, Bolivia, Perú, Uruguay. Antes Brasil . La muerte recorría las calles de sudamérica. Entraba a las fábricas, a las escuelas, las universidades, las iglesias. Andaba por los campos, los ríos, los lagos. Impunemente, pretendiendo acabar con el futuro de nuestros pueblos. Pretendiendo acabar con todo y con todos. Hasta con “los indiferentes y los tímidos”, según los planes expresados por el, entonces, gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires. A ellos, que sí eran los “mercaderes de la muerte”, no les bastó saquear el país. Cayeron en la vileza de robar las pertenencias de sus víctimas. Pero más aún, fueron capaces de robar los bebes nacidos en cautiverio. El diez por ciento de las mujeres secuestradas, torturadas y desaparecidas, estaban embarazadas al momento de su detención. Parieron a sus hijos en los propios campos clandestinos. La inmensa tarea de las Abuelas de Plaza de Mayo, está recuperando uno a uno a esos bebés, hoy jóvenes, recuperando así sus propias identidades. Muestra cabal, contundente, que a pesar de tanto terror, la muerte no ha podido acabar con la vida. Tampoco lo podrá el olvido, pues nuestro pueblo, cada uno de nosotros, está “recordando” poco a poco aquella pesadilla, no para revivirla (¿¡quién quisiera hacerlo!?) sino, para bucear en ella en busca de la verdad y exigir justicia. Que vendrá, inexorablemente y el triunfo de la vida será, entonces, pleno, total.- || Fuente: (consignas)
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