lunes, 21 de marzo de 2011 |Hora: : :

Identidad

Pensamiiento Nacional: Arturo Jauretche
El Medio Pelo en la Sociedad Argentina

Fecha Publicación: 21/03/2011  22:12  
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Primer Fracaso: La Generación Constituyente Liberalismo Internacional o Liberalismo Nacional---


Es que en toda colonización hay ese momento próspero mientras se avanza hacia el límite óptimo de sus necesidades. Y el frenazo después. He ahí las dos fases de una misma política.

¿La adscripción de la Argentina al sistema de la división internacional del trabajo era inevitable para los vencedores de Caseros? ¿La única perspectiva de progreso que se tenía por delante era la impuesta por la ortodoxia liberal y el libre juego de las fuerzas económicas nacionales e internacionales con que se adoctrinaban?

Ni teórica ni prácticamente era así. Lo que sí puede ser cierto es que las condiciones históricas determinaban la organización capitalista de la producción. Es cierto que era la hora del capitalismo en marcha, pero no la del internacionalismo liberal. Los constituyentes del 53 buscaron su inspiración en las instituciones de los Estados Unidos, y hay aquí que preguntarse por qué se quedaron en las apariencias jurídicas y eludieron la imitación práctica. ¿No entendieron la naturaleza profunda del debate entre Hamilton y Jefferson o la entendieron y vendieron después a las generaciones argentinas desde la Universidad, desde el libro y desde la prensa una interpretación superficial y formulista?

En ese debate está sintetizado el enfrentamiento entre el liberalismo ortodoxo, que implicaba aferrarse a la división internacional del trabajo, y el liberalismo nacional, que construyó los Estados Unidos, que fue el instrumento de su grandeza y le sirvió para delimitar la esfera propia del desarrollo norteamericano por oposición a la subordinación económica a la metrópoli, que hubiera convertido la independencia en una ficción. ¿Entre tanto libro que leyeron "al divino botón" no encontraron una línea de las que habían escrito Carey e Ingersoll, y no tropezaron con un volumen del "Sistema de Economía Nacional" de List, que fueron los teóricos del desarrollo da una economía capitalista nacional, es decir, de un capitalismo y un liberalismo para los norteamericanos o, los alemanes, y no para los ingleses? ¿No sabían que esa heterodoxia que le cortó las alas al águila de la división internacional del trabajo nutrió la gallina prolífica que ponía los huevos para los hijos de su tierra, defendiendo con la protección aduanera el fruto del trabajo nacional y promoviendo el desarrollo interno, con el Estado como propulsor de la grandeza? ¿Por qué se atrevieron a la doctrina liberal como mercadería de exportación para vender a zonzos y no a la doctrina liberal, reelaborada en los Estados Unidos para la construcción de una economía liberal pero integrada?

Y contemporáneamente también, y más adelante, ¿por qué prescindieron del ejemplo de Alemania, que realizó su propia política liberal, pero nacional, empezando por el “zollverein” hasta llegar a la construcción de la gran Alemania cuando el pensamiento político de Bismarck integró el pensamiento económico del mismo List, perseguido por los príncipes como liberal y por los liberales como nacional?

Alemania, hasta ese momento, no había sido más que el mísero país del que habla Voltaire; el campo de batalla de franceses, suecos, austriacos y españoles, en el que nunca había pesado el interés de sus nacionales. Los factores materiales de la grandeza alemana habían estado siempre allí: sus puertos y sus ríos, el genio y la capacidad de trabajo de sus hombres, los bosques en las faldas de las montañas, los granos y las carnes en los valles y las llanuras, el hierro y el carbón en las entrañas de la tierra; todas las condiciones materiales de la grandeza que sólo se manifestaron cuando el pensamiento y la voluntad nacional se articularon para ponerlos a su servicio.

(Conviene recordarlo a los que creen que sólo los factores materiales determinan la historia y subestiman el pensamiento y la voluntad que puede hacer una mísera dependencia de un país rico, y una metrópoli de un país pobre en recursos materiales.)


La Guerra de Secesión: Ejemplo Práctico

Pero hubo después en los Estados Unidos la guerra de Secesión: allí se enfrentaron sangrientamente el Norte, liberal nacionalista, con el Sur, adscripto a la producción exclusiva de materias primas, y puede decirse que la verdadera independencia de los Estados Unidos se resolvió en el campo de batalla de Gettysburg. ¿Cómo fue que los promotores de la política liberal internacionalista siempre tratando de imitar a los Estados Unidos, no comprendieron el verdadero sentido de esa guerra, y cómo el "Destino Manifiesto" sólo podía cumplirse a condición de que el país industrial que promovía el desarrollo interno venciese al país de producción primaria que lo obstaculizaba? ¿Lectores pueriles de las doctrinas exportadas como los collares de abalorios para seducir a los indígenas, sólo vieron en aquella página dramática de la vida norteamericana la seducción lacrimógena de "La Cabaña del Tío Tom", sin percibir el trasfondo económico y político de los acontecimientos?

¿Y cómo es posible que generaciones y generaciones de juristas hayan acosado a los estudiantes de derecho y de economía con la vida de las instituciones norteamericanas a través de su permanente evolución, en la jurisprudencia del Supremo Tribunal, sin percibir el hecho económico que rigió y condujo esa construcción jurídica, en la que la vida fue acordándose a las exigencias de la realización económica integral, según el país iba creciendo de la estrecha franja original en el Atlántico hacia el Medio Oeste, los desiertos interiores y la costa del Pacífico, o el desborde sobre la tierra mexicana?

¿Lo vieron o no lo vieron? ¿Traidores o "chicatos"? Esa es la alternativa. En "Política y Ejército" he señalado un factor cultural que también pesó en esa ceguera. Desde el día siguiente de la independencia, directoriales y unitarios, cuyos continuadores habrían de ser los famosos "visionarios", partieron de la urgencia por hacer el país no según lo determinaban sus raíces —como se hace el árbol hasta la copa—, sino según un modelo a trasplantar. Quisieron realizar Europa en América y todo lo que Europa les ofrecía era válido; y sin valor lo que surgía de la realidad. Trabajaron para la destrucción de la Patria Grande, porque, consciente o subconscientemente, les estorbaba a su apuro la montaña, la selva, el río y el hombre, por español, por indio o por mestizo.

Gobernar es poblar, como diría Alberdi, pero despoblando primero como ellos lo hicieron para abrir la tierra a nuevos hombres que imaginaban no iban a ser americanos. Así es como también diría Alberdi, resumiendo sin saberlo el pensamiento original de su grupo: "El mal que aqueja a la Argentina es la extensión". Por eso había que achicarla. Empezó Rivadavia facilitando la segregación del Alto Perú y la Banda Oriental; lo harían los unitarios en los largos años de la guerra civil buscando con la ayuda extranjera la segregación del Norte y la Mesopotamia; lo haría Mitre abriendo un abismo de sangre y de luto con el Paraguay. Siempre estuvieron decididos a achicar el espacio, y así segregaron Buenos Aires frente al gobierno de Paraná. Reducir la patria a la pampa húmeda, fácilmente europeizable, permitía ahorrar tiempo en el camino de la grandeza concebida a través de la pequeñez. Congruentemente fue necesario destruir el Paraguay, que se había puesto a la vanguardia del progreso americano, cerrándole el camino al pernicioso progreso conseguido contra las normas manchesterianas.


  (consignas)

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