martes, 15 de julio de 2008 |Hora: : :

Identidad

Una Decisión de Todos
Democracia, un Tema Pendiente

Fecha Publicación: 15/07/2008  12:02  
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Cada dos años, rigurosamente, los argentinos concurrimos a las urnas para elegir nuestros representantes La Constitución nos asegura, además, nuestro derecho al acceso a la vivienda, a un trabajo y su retribución justa, a la salud, a la educación, etc Pero, a más de dos décadas de recuperada la democracia, los niveles de pobreza, de marginación y la deserción escolar, sumado a la inmoral concentración de la riqueza, hace que se cuestionen los fundamentos mismos del orden institucional, no como intento de volver a las consabidas asonadas castrenses, si no, para provocar la profundización de un sistema que no ha podido, aún, llevar esa democracia a la esfera económica-------

Años pasaron de aquel mil novecientos ochenta y tres, en el que los ciudadanos del país festejaban la asunción de Raúl Alfonsín, como presidente de la República Argentina, más allá de posiciones partidarias.
Ese acontecimiento no hubiera tenido tal repercusión, aún fuera de nuestras fronteras nacionales, de no haber existido, la noche más larga de la historia argentina.
En otras oportunidades, el pueblo argentino había regresado a la vida institucional, luego de periodos de dictaduras cívico - militares. Pero ninguna, como la de entonces.
El veinticuatro de marzo del setenta y seis, los grupos económicos y las fuerzas armadas se constituían en amos y señores, dueños de la vida y la muerte, y también de los bienes, de los argentinos. La Constitución Nacional, quedaba subordinada a las llamadas “Actas del Proceso de Reorganización Nacional”.
Otra vez, en la mal tratada República, se fijaban “objetivos y no plazos” para la vuelta a la vida institucional.
Esos objetivos, estaban dados en función de la transformación económica que debería ocurrir en argentina para adecuarse al nuevo esquema de acumulación capitalista mundial: ya no había que producir, ahora el negocio erala especulación financiera y el sideral endeudamiento externo.
El desmantelamiento del aparato productivo nacional, que había resistido por décadas, los embates para su desarticulación, en esta oportunidad sucumbió, porque como paso previo a su desmantelamiento, se procedió a la utilización sistemática del terrorismo estatal, destruyendo las organizaciones populares y asesinando a miles y miles de argentinos . Esa política de infundir el terror desde el propio estado, tuvo su máxima expresión con el método de la “desaparición forzosa de personas”. Esto es, el secuestro de personas por parte de las fuerzas de seguridad y armadas.
Secuestro, tortura, asesinato, era la secuencia padecida por los militantes que con tenacidad, resistían la barbarie.
Con mayor o menor responsabilidad, con distintos grados de participación, todos los argentinos desaparecidos, estaban involucrados en la construcción de una sociedad más justa, de una argentina mejor. Desde ese punto de vista, ninguno de los desaparecidos fue inocente. Plantear que fueron secuestrados, vejados, humillados, y, finalmente asesinados, por equivocación, por error, es desvalorizarlos y reducir los objetivos que perseguían.
Nadie fue inocente en aquella pesadilla vivida. Tampoco lo es ahora, que vivimos en estado de derecho. Por acción u omisión, todos estamos involucrados en la realidad en que vivimos.
Ese plan sistemático puesto en marcha por la dictadura cívico - militar, a poco de andar, comenzó a naufragar. La resistencia fundamentalmente de los sectores obreros y de las disminuídas, al borde de la extinción, organizaciones populares, le pusieron “ plazo”, a la última dictadura. A un costo altísimo, es cierto. Pero no es menos cierto, que fue, la argentina, la dictadura que menos tiempo duró en los países del cono sur americano.
Aún más, sus personajes principales son repudiados por toda la comunidad. A diferencia de Chile, por ejemplo, que no sólo vivió bajo régimen dictatorial durante diecisiete años, si no que su principal exponente, Augusto Pinochet, no sólo continuó ostentando su grado de general, también siguió siendo el comandante de las fuerzas armadas de su país, ya en democracia, y senador vitalicio. O la dictadura brasileña que, luego de veinte años, ese país hermano debió soportar una transición en la que el pueblo elegía sólo gobernadores, ya que al presidente seguían designándolo las fuerzas armadas.
En síntesis, para que el pueblo argentino pudiera elegir sus gobernantes; para que Raúl Alfonsín pudiera ponerse, en mil novecientos ochenta y tres, la Banda Presidencial y sostener con sus manos, el bastón, obreros de las principales automotrices instaladas en el país, se opusieron tenazmente a la dictadura y miles y miles de argentinos, rindieron tributo con su sangre, aún en momentos en que buena parte de la sociedad miraba para otro lado.
El tiempo transcurrido pareciera indicar que, las incursiones de uniformados en la Casa Rosada, llegaron a su fin y que la democracia está, definitivamente, instalada en la sociedad argentina.
Ahora bien, ¿és ésta la democracia por la que tanto ( y tantos) se luchó para conseguir?
La democracia ¿debe estar reducida, al cumplimiento de los plazos electorales para la elección de senadores, diputados, gobernadores, concejales, etcétera?
La democracia, esta democracia que rige en argentina, implica la subordinación a la Constitución Nacional y a las leyes que emanen a partir de ella, de todos los ciudadanos que habitamos este suelo.
Esa misma Constitución, garantiza una serie de derechos a cada uno de nosotros. También, nos establece obligaciones.
Nos dice que gobernamos y deliberamos, únicamente, a través de nuestros representantes ( que elegimos, con puntualidad, en cada turno electoral). Nos asegura acceso a la educación, a la salud, a un trabajo digno, con su respectiva digna retribución, y muchas etcéteras.
A juzgar por la incontrastable realidad que nos rodea, y que está al alcance de quien quiera verla, no nos arriesgaríamos en absolutamente nada, si afirmamos que, en algo, esta democracia está fallando.
Millones de compatriotas sin trabajo; millones bajo los niveles de pobreza, es decir, al límite de la subsistencia; deserción escolar, marginalidad; aumento del delito provocado por esa propia marginalidad, etc., muestra a las claras, que a esta democracia le falta algo, que está renga. Que hemos conseguido, gracias a aquella resistencia que mencionábamos antes, una democracia no del todo plena, que hay que profundizar.
Dos aspectos son centrales para avanzar en tal sentido. Uno de ellos es la participación de todos y cada uno, dando vida a organizaciones de la comunidad o fortaleciendo las ya existentes.
El otro aspecto para avanzar hacia una democracia real, es justamente, la democratización económica. Es decir, poner fin al criterio de privatizar la riqueza, las ganancias y sociabilizar la pobreza y las deudas.
A mayor concentración de la riqueza en pocas manos, mayor crecimiento y masificación de la pobreza.
Resolver este problema, ya estructural, es la tarea pendiente de la democracia argentina. Poner fin al hambre, a la desocupación, a la insalubridad que recorren todas las calles de la República, es un imperativo.
Alumbra en nuestro país, una nueva esperanza. Pero no hay que dejar en manos de nadie, el futuro como Nación. Son las manos de todos, y la decisión de todos que asegurarán, con hechos concretos, que esta democracia, no sea hija bastarda de aquella dictadura del 76-83.-

  (consignas)

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