viernes, 04 de julio de 2008 |Hora: : :

Identidad


Dios, no el dinero, es nuestro Señor”

Fecha Publicación: 04/07/2008  15:19  
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El consumismo extremo, característica de nuestras sociedades, conspira contra la humanidad misma- “- - - el desarrollo de un pueblo no deriva primariamente ni del dinero, ni de las ayudas materiales, ni de las estructuras técnicas, sino más bien de la formación de las conciencias, de la madurez de la mentalidad y de las costumbres- Es el hombre el protagonista del desarrollo, no el dinero ni la técnica” Juan Pablo II Un rasgo característico de las llamadas sociedades occidentales, es la permanente búsqueda de las satisfacciones materiales de sus integrantes- O más aún, es casi una actitud excluyente de la inmensa mayoría de quienes vivimos, y padecemos, en estas sociedades signadas por el consumismo-La exaltación de lo material tiene, como reverso de la misma moneda, valga la analogía, el crecimiento exponencial del individualismo, priorizando en forma absoluta, total, los intereses personales a los del conjunto- - - - - - -

Así las cosas, cualquier actitud en ese sentido esta admitida plenamente, pues se supone, redundará en algún beneficio de carácter personal. Y todos los esfuerzos volcados y los eventuales damnificados, estarán plenamente justificados.
Este comportamiento, transformado en estilo de vida, conspira, obligadamente, en toda posibilidad de transmisión de valores que, se sabe de antemano, son inherentes a los seres humanos. De manera tal, la ciudad pasa a asemejarse a una jungla, donde el ser más apto para la supervivencia prevalece a costas, casi siempre, de otro menos hábil, por no decir más débil. Poco importan las consecuencias, lo trascendental es conseguir los objetivos. Los medios, cualquiera que ellos sean, están permitidos.
Esto, que tal vez parezca duro, no son más que datos de la realidad, los que se pueden verificar cotidianamente mirando alrededor, cuando no, en nosotros mismos.
Estas pautas culturales, aprehendidas a partir de la degradación de la sociedad que sobre-valoriza lo material, atenta contra toda la comunidad, es decir, contra nosotros mismos, pues, se minan las bases en las que, teóricamente, se asienta.
La indiferencia sobre situaciones que afectan a “otros”, es la antesala de lo que padeceremos nosotros.
En este esquema, siempre nos encontraremos con un león más hambriento.


 (consignas)

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