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Pocos tienen todo
  Monopolios: el mal de la economía y la democracia argentina

Fecha Publicación: 24/06/2020  14:48  
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  En Argentina casi todos los sectores de la economía están concentrados en unas pocas manos, ejerciendo un claro dominio que provoca que la competencia sea una ilusión con la posibilidad de imponer precios abusivos y convirtiendo a los clientes en rehenes; como ejemplo: en cemento tres firmas controlan el 96% del mercado ellas son Loma Negra, Minetti y Avellaneda, este sector fue multado en 2005 a pagar 300 millones de pesos por realizar entre ellas acuerdos ilegales, pero estuvieron largos años apelando en la Justicia, recién en 2013 la Corte Suprema determinó que debían pagar la multa impuesta- O el caso de Arcor que acapara el 80 % del mercado de golosinas y el 78 % de enlatados- - -



 



 



 



Para que las leyes antimonopolios tengan algún efecto debe existir voluntad política de los gobiernos y debe existir un Poder Judicial que no sea mero instrumento de las corporaciones como ocurre en la Argentina. De la experiencia mundial queda claro que ni la división de las empresas, ni las multas terminan con los monopolios, la única medida efectiva es la nacionalización o estatización, aun cuando la voluntad política sea luego proceder a privatizar la empresa y dividirla en varias.



Estados Unidos



Ese país fue pionero en legislación antitrust, hacia final del siglo XIX los Estados Unidos presenciaban el crecimiento de las fortunas extraordinarias, como nunca antes se habían visto, paralelamente se empezó a sospechar que las prácticas utilizadas por esos magnates no eran del todo acordes a la libre competencia que el capitalismo predicaba como una de sus premisas.



Cornelius Vanderbilt en los ferrocarriles y la navegación, John P. Morgan en las finanzas y John Rockefeller en la industria del petróleo, fueron representantes de esa riqueza y esas prácticas y por eso se los bautizó como los “barones ladrones”.



Las críticas fueron de tal magnitud, incluso en la prensa, que los políticos se vieron en la obligación de promover leyes antitrust que pusieran algún limite a esa concentración de poder económico.



Así fue como en 1890 se sancionó la Sherman Act promovida por un senador con ese apellido, que limitaba el accionar de cualquier monopolio que de algún modo restringiera la libre competencia, la aprobación de la ley se realizó con un solo voto en contra, lo que da una idea del aval con que contaba.



En 1914 se aprueba otra ley, la Clayton Antitrust Act que intentaba especificar más detalladamente estos delitos contra la competencia y los comportamientos monopólicos, veremos a continuación algunos ejemplos de cómo y contra quien se aplicó esta legislación.



En 1899 la empresa Addyston Pipe & Steel Company que era fabricante de tubos de hierro fundido fue demandada porque había llegado a un acuerdo con otros cinco fabricantes de tuberías para dividir la competencia en todo Estados Unidos y fijar los precios dentro de esos territorios para excluir a nuevos competidores.



En 1903 la Corte Suprema ordenó la disolución de la empresa Northen Secutities que era una empresa ferroviaria conformada por tres compañías, había preocupación en el público por el precio de los pasajes, pero también en un empresario rival al que se le hacía difícil competir con esa concentración de empresas.



Tal vez el caso más resonante por la aplicación de estas leyes haya sido en 1911 cuando se obliga a la compañía Standard Oil de Nueva Jersey propiedad de Rockefeller a dividirse en 34 empresas, esto no implicó que la familia Rockefeller disminuyera su fortuna, por el contrario, porque recibieron acciones de esas empresas, la cuales además aumentaron su valor luego de la división.



John D Rockefeller era el dueño de la Standard Oil, había realizado un acuerdo con una línea ferroviaria que le aseguraba el transporte barato para su petróleo y además le garantizaba que a sus competidores el transporte les iba a salir más caro, luego les fue comprando las refinerías a sus rivales y quedó en una posición de absoluto dominio del mercado.



Para completar esta historia es necesario señalar la paradoja que se produjo en 1998 cuando dos de las empresas que surgieron a raíz de esa división, Exxon y Mobil se fusionaron.



En 1948 hubo un fallo contra el estudio de cine Paramount Pictures que también implicó a otros estudios como Warnes Bros, 20 th Century Fox, la Metro-Goldwyn-Mayer porque eran propietarios de cines y teatros donde exhibían en exclusividad sus películas, la Corte Suprema las obligó a desprenderse de esas salas.



Entre los años 1959 y 1961 se investigó e impuso sanciones a lo que se conoció como “La gran conspiración de la industria eléctrica” por las cuales las mayores empresas vinculadas a ese rubro se ponían de acuerdo para establecer precios para la venta de aparatos eléctricos.



Veinte compañías fueron multadas por 1.924.500 dólares, General Electric y Westinghouse pagaron la mitad de esa multa además se impuso prisión a 23 de los acusados, pero luego dejó la sentencia sin cumplimiento, 7 directivos fueron condenados a 30 días de prisión pero cumplieron 25 por buena conducta.



En 1982 la gigantesca American Telephone and Telegraph AT&T fue obligada a desinvertir porque estaba destinando parte de sus ganancias a una subsidiaria Western Electric, hubo un acuerdo judicial por el cual la empresa aceptó quedarse como proveedora de telefonía de larga distancia y permitir la división en siete pequeñas compañías locales.



En 2019, AT&T seguía siendo un gigante de las telecomunicaciones liderando el mercado con sus servicios de telefonía móvil y fija. También hizo un gran movimiento en el espacio de los medios, adquiriendo DirecTV en 2015 y Time Warner en 2018.



IBM fue acusada en 1969 de intentar monopolizar el mercado de sistemas informáticos digitales electrónicos de propósito general, específicamente computadoras diseñadas principalmente para negocios, después de años de juicio donde llegaron a declarar 950 testigos, el 8 de enero de 1982 la acusación fue retirada sin consecuencias para la empresa.



Con la llegada de Ronald Reagan al gobierno en 1981 las grandes empresas fueron las principales beneficiadas y casi nada les estaba vedado, la competencia era sólo parte de la propaganda para defender al capitalismo que cada vez adoptaba posiciones más salvajes.



Si bien existen legisladores que intentan poner algún límite al accionar de las multinacionales, a lo sumo se llega a establecer multas que para las cifras que manejan esas empresas pueden ser consideradas propinas.



Europa



Así como Estados Unidos fue el primer país en tratar de controlar el accionar de los monopolios privados, actualmente es Europa donde se realizan los mayores esfuerzos para hacer cumplir las leyes antimonopólicas.



Son varios los países que adoptaron legislación similar a la que se aplica en Europa, pasando a constituirse en una especie de paradigma para el resto del mundo.



Si bien parece que esas leyes tienen una función proteccionista, buscando impedir los manejos arbitrarios de las multinacionales de origen estadounidense más que las que realizan las empresas europeas, también se han aplicado algunas restricciones a las originarias de ese continente, por ejemplo, impidiendo la fusión entre la alemana Siemens y la francesa Alston.



Ya forman parte de la lucha contra los monopolios las numerosas oportunidades en que países europeos han llevado ante los tribunales a Microsoft, logrando imponerle a la empresa de Bill Gates reiteradas multas.



La primera multa fue en el 2004 y ascendió a la suma de 497 millones de euros por abuso de posición dominante, la segunda en 2006 y llegó a los 280,5 millones de euros por no ofrecer a la competencia información suficiente sobre la operabilidad de sus sistemas con otras plataformas, en el 2008 se le aplicó otra multa por abusos en el mercado informático, por los precios cobrados a quienes usan su sistema operativo.



Esta última multa ascendió a 860 millones de euros siendo la más alta aplicada en la historia de la Unión Europea. En 2013 volvió a ser castigada por 561 millones de euros porque los usuarios no pudieron elegir navegador con el Windows 7, la suma que Microsoft ha debido pagar en Europa llegó a los 2.200 millones de euros.



La insistencia de Microsoft de imponer Explorer como navegador a quienes usaban el Sistema Operativo Windows se vio afectado no tanto por las medidas antimonopólicas sino por el surgimiento de otro gigante como Google con su navegador Chrome que ha desplazado al de Microsoft como el más utilizado.



Precisamente Google es otro de los gigantes que fue reiteradamente investigado y sancionado por la Unión Europea, desde 2017 ha debido pagar más de 10.000 millones de dólares en concepto de multas por incumplir la legislación antimonopólica que rige en ese continente.



La denuncia más habitual contra Google es por abuso de la posición dominante favoreciendo a sus productos en las búsquedas de internet, también se comenzó a investigar las prácticas de Android, sistema operativo para celulares que también pertenece a Google.



La responsable de hacer cumplir la legislación antimonopólica en Europa, Margarethe Vestager declaró: «Google favorece el funcionamiento de su propio servicio al comparar las mercancías, lo que significa que los consumidores no pueden ver los resultados más relevantes de su búsqueda».



Otra empresa investigada es Facebook por el incumplimiento de la política de privacidad de sus usuarios, la empresa de Mark Zuckerberg se ha visto salpicada por varios escándalos donde los datos de sus usuarios han sido utilizados para campañas electorales sin el permiso de los mismos, mostrando un descuido irresponsable en la privacidad de los datos.



La lista también incluye a Amazon que está siendo investigada por el uso que hace de los datos de sus clientes y proveedores.



La Comisión Europea se encuentra investigando la aplicación Apple Pay, el servicio de pagos por celulares a Apple por las quejas de otras compañías por «posibles prácticas de mercado anticompetitivas y conductas abusivas».



La multa que se impone en Europa por infringir las normas que limitan la competencia y significan la transgresión de las leyes contra los monopolios pueden alcanzar el 10% del volumen anual de los negocios a nivel mundial, y si el delito alcanza cierta gravedad también puede implicar prisión para los directivos.



La política que se está desarrollando en Europa tiene como aspecto positivo que las multinacionales saben que deben atenerse al respeto de ciertas leyes, si bien no les debe resultar simpático que le apliquen multas, a esta altura muchas de esas empresas ya han realizado el cálculo por el cual les resulta más redituable continuar con sus prácticas ilegales y pagar las multas que adaptar su funcionamiento al estricto cumplimiento de las leyes.



Argentina



La primera ley antimonopólica data de 1923 fue la 11.210, desde ese momento tuvo varias modificaciones, la siguiente fue de 1980 plena dictadura con la ley 22.262 que creó la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia.



Esta ley establece la figura de posición dominante que tiene en cuenta determinadas conductas que respondan a decisiones unilaterales con el objetivo de obtener una posición privilegiada con respecto a sus competidores.



Hubo muy pocas denuncias y en el caso que las hubiera no se aplicaron sanciones, tampoco existe constancia que nadie haya ido preso por la aplicación de esta ley.



La reforma constitucional de 1994 incorporó los derechos del consumidor y se realizaba un reconocimiento de las asociaciones de consumidores.



A fines del gobierno menemista, entre junio y agosto de 1999 se aprobó otra ley, se incorporaron mecanismos “preventivos”; los mismos tienden a evitar la monopolización o la excesiva concentración de un mercado en pocas manos, a través de procedimientos de control de fusiones o adquisiciones de empresas, buscando impedir las conductas que restringen la competencia o constituyen un abuso de la posición dominante, también castigaba la competencia desleal. Esta ley promovía la constitución de un Tribunal que nunca se conformó.



En 2017 el macrismo aprobó otra ley impulsada por Elisa Carrió y Mario Negri y tenía la finalidad de que la Argentina pudiera ingresar en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos OCDE que es una organización que dice que “Nuestro objetivo es promover políticas que favorezcan la prosperidad, la igualdad, las oportunidades y el bienestar para todas las personas”, cuando en verdad su intención es establecer reglas de libre mercado en beneficio de las grandes potencias y en desmedro de los países sin un desarrollo industrial de magnitud.



La ley creaba una Autoridad Nacional de la Competencia que no dependía del Poder Ejecutivo y que tenía la posibilidad de aplicar multas cuando se transgrediera la ley.



Cuando se trató la ley Axel Kicillof en su calidad de diputado la cuestionó señalando que eran los representantes de la concentración quienes la postulaban por lo tanto era algo muy parecido al lobo puesto a cuidar el gallinero.



Mientras que en Senado Cristina Fernández de Kirchner expresó: “Digamos que estamos aprobando esta ley porque es lo que pide la OCDE; y no voy a hacer un juicio de valor sobre el deseo del Gobierno por ser parte de la OCDE. Pero esta ley no es clara para evitar monopolios”, cuestionó las “abstracción y generalidad” que prima en el artículo 6 que define posiciones concentradas. “Si no tiene un número, es un eufemismo”.



Una de las paradojas de estas leyes supuestamente antimonopólicas es que han sido promovidas por gobiernos que precisamente permitieron que los monopolios y oligopolios actuaran con absoluta impunidad así ocurrió con la dictadura, el menemismo y el macrismo.



El kirchnerismo en tanto permitió que el grupo Clarín siguiera incrementando su poder al aprobar la fusión entre Cablevisión y Multicanal, y el macrismo permitió que Telecom pasara a integrarse a ese grupo, esto fue realizado unos meses después de haber aprobado una ley supuestamente antimonopólica.



Para que estas leyes tengan algún efecto primero que nada debe existir la voluntad política de los gobiernos, la mayoría de los cuales han mostrado ser temerosos a la hora de enfrentarse con el poder económico y debe existir un Poder Judicial que no sea mero instrumento de las corporaciones como ocurre en la Argentina.



De la experiencia mundial queda claro que ni la división de las empresas, ni las multas terminan con los monopolios, la única medida efectiva es la nacionalización o estatización, aun cuando la voluntad política sea luego proceder a privatizar la empresa y dividirla en varias.



Tuvimos el ejemplo de la Ley de Medios, cuando Clarín debió desinvertir, presentó en las otras empresas directorios con personas vinculadas a ese grupo, el Estado rechazó la propuesta, y el monopolio ganó tiempo, a la espera que viviera un gobierno favorable como el macrismo que con un decreto anuló la Ley.



Concentración de los mercados



En nuestro país casi todos los sectores de la economía están concentrados en unas pocas manos, ejerciendo un claro dominio que provoca que la competencia sea una ilusión con la posibilidad de imponer precios abusivos y convirtiendo a los clientes en rehenes. Repasemos varios casos.



Siderar la mayor siderúrgica nacional es una compañía del grupo Techint, surgió de la fusión de Aceros Paraná (ex SOMISA), Propulsora Siderúrgica, Aceros Revestidos y otras, concentra el 99% del mercado de chapa laminada en frío y el 84% de la chapa laminada en caliente.



En cemento tres firmas controlan el 96% del mercado ellas son Loma Negra, Minetti y Avellaneda, este sector fue multado en 2005 a pagar 300 millones de pesos por realizar entre ellas acuerdos ilegales, pero estuvieron largos años apelando en la Justicia, recién en 2013 la Corte Suprema determinó que debían pagar la multa impuesta.



En el sector petroquímico, uno de los productos más importantes es el etileno con el cual se produce el polietileno, la empresa PBB PoLisur propiedad de la multinacional Dow Chemical concentra el 93% del mercado.



En panificación industrial, la empresa mexicana Bimbo compró a la argentina Fargo copando de esa manera alrededor del 70 % del rubro.



En cuanto a las gaseosas Coca y Pepsi se reparten el 84 %, correspondiendo el 60% a la primera y el 24 % a la otra.



También esas dos empresas compiten en el rubro de un mercado en crecimiento como es el de las aguas saborizadas a las que se agrega la francesa Danone con Levité, entre las tres concentran el 90%.



Arcor acapara el 80 % del mercado de golosinas y el 78 % de enlatados.



En los relativo a la venta de galletitas entre Arcor y Mondelez (Ex Kraft) concentran el 80 % de ese rubro.



Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) del 21 de abril de 2019 señalaba “Los niveles de oligopolización en la Argentina resultan significativos y estructuran las cadenas de producción y comercialización en vastos sectores de actividad. En lo que respecta a la producción alimenticia”.



En fideos Molinos Río de la Plata concentra el 80 % con cinco marcas como Manera, Mattarazzo, Lucchetti, Don Vicente y Favorita.



También en harinas Molinos Río de la Plata predomina, junto a Molinos Cañuelas llegan al 82%.



En el rubro de las cervezas, dos multinacionales controlan el mercado, la belga AB InBev que es la dueña de Quilmes y la chilena CCU que tienen marcas como Schneider, Imperial y Heineken, aquí sí hubo una intervención de la Secretaría de Comercio que obligó a la empresa belga a cederle algunas marcas a su competidora luego que se produjera una fusión global por la compra de la empresa inglesa SABMiller, el mercado se lo reparten entre 75% la belga y 21% la chilena.



En la producción de yerba mate Las Marías que vende marcas como Taragüi, Unión y otras tiene el 37 % mientras que molinos Río de la Plata el 15 % con sus marcas Cruz Malta y Nobleza Gaucha. Cinco empresas controlan el 85% del mercado.



Veamos lo que ocurre con los aceites comestibles, la concentración se establece entre dos empresas: Aceitera General Deheza con marcas como Natura, Mazola y otras, y Molino Río de la Plata con Cocinero, Lira y Patito, entre ambas rozan el 80 %, si se añade el Molinos Cañuelas llegan al 90 %.



Otro mercado como el del azúcar se lo reparten tres empresas que dominan el 85% del rubro, ellas son Ingenio El Tabacal, Ledesma y Valpafe.



La producción láctea ha sufrido un cambio significativo en los últimos años por la caída del consumo de leche en el país, la debacle de Sancor que debió vender dos plantas a Adecoagro donde participa el magnate George Soros y el crecimiento de la multinacional canadiense Saputo que compro en 2003 Molfino, ya es la segunda productora muy cerca de Mastellone que es la primera, otra empresa con importante presencia es Williner con la marca Illolay, no obstante en lo que es venta de leche el predominio lo sigue teniendo la Serenísima de Mastellone.



Cuatro empresas multinacionales Unilever, Johnson, Procter & Gamble y Reckit Benckiser se apoderan del 83% de los productos de limpieza como jabón en polvo, lavandina, desodorantes, detergentes, etc.



Tres son las empresas que tienen el oligopolio de los pañales descartables ellas son Kimberley Clark, Procter & Gamble y Papelera del Plata.



En cuanto a supermercados está por un lado Carrefour que también tiene a Día, Cencosud con Jumbo, Disco y Supervea, Walmart también dueña de Changomás, y el grupo que incluye la Anónima y Quijote. Estos supermercados llegan a vender una cifra cercana a la mitad de los alimentos y las bebidas que consumen los argentinos.



Monopolios e inflación



Argentina ha tenido un histórico problema con la inflación mientras que los liberales suelen sostener que la misma es producto de la emisión monetaria, argumento que ya ha sido reiteradamente rebatido, estamos convencidos que los oligopolios privados son la razón principal de ese aumento que casi ningún gobierno pudo domar.



Otra razón para los incrementos de precios han sido las periódicas devaluaciones que han llevado a un constante aumento preventivo de precios, aún en aquellos productos que no tienen componentes importados.



Pero también en el caso de las devaluaciones muchas veces se han debido a las presiones ejercidas por esos mismos oligopolios que exportan parte de su producción. Cuando Juan José Aranguren presidía la petrolera Shell, claramente realizó una maniobra para incrementar el valor del dólar, comprando a precio superior al de mercado.



Mientras el poder político sea impotente para imponer condiciones a estos monopolios la inflación continuará siendo un problema en el país.



Veamos algunos ejemplos, la inflación en 2018 fue del 47,6% y en 2019 fue del 53,8 %, según DEUCO Defensa de Usuarios y Consumidores, en 12 meses desde agosto del 2018 al mismo mes de 2019 , la leche aumentó un 85%, la manteca un 95% y los yogures un 102%.



En abril de 2019 Infobae informaba que el aumento de la harina en un año había sido del 164 % provocando que los fideos se incrementaran en un 95 % y el pan un 80 %, en tanto que la yerba se había incrementado un 86%.



Theotonio Dos Santos, sociólogo y economista brasilero ya fallecido, estudioso del tema de los monopolios indicó: “Como los precios son administrados en gran medida por la propia dirección de las empresas, ellas tienden a resistir a cualquier tendencia a la baja, ‘a menos naturalmente que tenga efecto una seria recesión’. Sin embargo, estas empresas son muy sensibles a los aumentos de costos y elevan inmediatamente los precios en respuesta. De esta manera la tendencia inflacionaria se intensifica y se hace imposible controlarla.”



Y agregaba: “En este tipo de economía la tasa de ganancia pasa a ser función del poder de las grandes empresas y no de su capacidad de competencia, permitiendo un aumento fenomenal de las ganancias sin rebaja de precios.”



Resaltando la falta de controles: “La ausencia de competencia y el poder de los trust sobre el gobierno permiten el no respeto de las leyes de control de la calidad de los productos, en beneficio de las ganancias de las empresas.”



Y el efecto sobre la distribución de los ingresos: “La riqueza del país se redistribuye así al nivel del consumo en favor de las grandes empresas y en perjuicio de los que reciben otras fuentes de ingreso, sean salarios, rentas o ganancias no monopólicas.”



Monopolios contra la democracia



Los monopolios privados perjudican no sólo al consumidor, también lesionan los derechos de otras empresas que no tienen el privilegio de tener un mercado cautivo.



La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo en octubre de 2013: “Existen quejas concretas de pymes que terminan siendo perjudicadas cuando hacen denuncias sobre prácticas dominantes de grandes empresas monopólicas en la producción de insumos básicos y en productos de la canasta familiar, y son castigadas cortándoles el crédito, algo que pasa en toda la cadena de valor, desde la producción hasta terminar en los grandes supermercados”.



Cuando la dictadura militar le entregó a precio vil la empresa Papel Prensa a los diarios Clarín, La Nación y La Razón, estas empresas pudieron establecer un precio subsidiado del papel de diario para su propio beneficio, mientras que disponían un precio abusivo hacia sus competidores, así fue como pudieron superar en ventas al diario Crónica que no formaba parte del contubernio con la dictadura.



También le sirvió al grupo Clarín el monopolio sobre las trasmisiones de futbol que le permitía a través de Cablevisión desplazar a otras empresas de cable, en este caso citaremos a quien fuera socio y presidente de la empresa Torneo y Competencia, Carlos Ávila, que explicó: “Le daban el fútbol al canal de cable A, así fundían al B y lo compraban. Luego se lo daban al B, fundían al A y también lo compraban”.



Estos monopolios, no sólo los de medios de comunicación, al intentar imponer condiciones a los gobiernos elegidos por el pueblo se colocan al margen de los poderes de la Constitución, configurando una clara estructura antidemocrática y peligrosa para la libertad de los individuos.



Así como en la Década Infame existía un dominio del imperio inglés de nuestra economía que convirtieron a nuestro país en una semicolonia situación que era ocultada por los diarios, los gobernantes y los partidos políticos.



Ahora esos sectores oligárquicos procuran ocultar el papel de los monopolios privados en la inflación como mecanismo de redistribución de los que menos tienen hacia los más poderosos, de igual forma que pretenden esconder el peligro para la democracia que significan estas corporaciones con un inmenso poder, a las que nadie eligió pero que quieren comandar nuestros destinos.



Publicado en : www.elforjista.com.ar



 



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